
A lipio Lara Olivares, director del Instituto de la Vid y el Vino de Castilla-La Mancha está convencido de que hay que vender más en el exterior, única manera de sacar al mercado del vino de la difícil situación por la que está atravesando el sector. Pero para ello, cuenta, tenemos que convencernos de que nuestro producto es bueno.
—¿En qué situación está el mercado del vino en estos momentos?
—Aunque hay quien habla de que hay una bajada en las exportaciones no es del todo cierto. La exportación de vino ha crecido, de mayo de 2009 a mayo de 2010, un 30 por ciento, y en lo que llevamos de año lo ha hecho un 20 por ciento. La crisis, para los que exportan, es menos. El consumo del mercado interior es otra cosa, está bajo, no sé si llegará al 18 por ciento, cuando hace unos años era el 60 por ciento. Aunque bien es cierto que en este cómputo no se tiene en cuenta al consumo de restaurantes, sino la venta. Además, los precios están bajos; los agricultores se quejan del precio que reciben por la uva, la materia prima, pero pienso que estamos en el camino de que mejore y lo va a hacer, porque para eso estamos dando los pasos que tenemos que dar para conquistar el mercado exterior, que es una de las soluciones a medio plazo más significativas, porque el mercado interior está como está y meterte más es echar a codazos a otra gente que dentro de un año te pueden echar a ti.
—En esta situación, ¿qué papel puede jugar el Instituto de la Vid y el Vino de la región que usted dirige?
—El Instituto es el brazo científico y tecnológico de la Consejería de Agricultura en materia vitivinícola, su papel no es otro que apoyar a los viticultores y bodegueros para que su producto salga en las mejores condiciones posibles, que sepan en qué condiciones sale para dirigirlo hacia lo que quiere el consumidor y defender, con la tecnología, el producto frente a compradores e importadores de otros países que a veces se aprovechan del desconocimiento para rebajar el precio, rechazar ofertas e incluso mercancías. El sector vitivinícola debe tener una referencia científica y tecnológica que le avale en terceros países y que pueda certificar en qué condiciones técnicas y analíticas está el producto.
—¿Y en qué condiciones técnicas y analíticas está el producto que se elabora en Castilla-La Mancha?
—Desde el punto de vista tecnológico, el vino que se hace en la región es de primerísima calidad. Está a la par o por encima del vino que se elabora en cualquier otro lugar. Tenemos unos vinos excepcionales, y en todos los tipos, blancos, tintos jóvenes con y sin madera, crianzas... las bodegas han apostado por la calidad, pero es que también los viticultores que ofrecen la materia prima a las bodegas han apostado por saber cómo tienen que producir sus uvas para elaborar vinos de calidad. El ensamblaje entre viticultores y bodegueros, cooperativas e industrias particulares está dando unos resultados de excepción.
—Una vez que hemos conseguido que los viticultores modernicen las bodegas, ¿cuál es el siguiente paso?
—La comercialización. Y dentro de esta la internacionalización. Tenemos una buena materia prima con la que hacemos un producto excepcional, falta darlo a conocer y que creamos que nuestro producto es bueno. A veces pensamos que la bueno es lo que viene de lejos cuando lo tenemos aquí.
—¿Y qué frena esa necesidad de dar a conocer el producto fuera de nuestros mercados?
—Lo que falta, quizá, es ponernos en el sitio del consumidor. Y lo estamos haciendo, pero lo hacemos despacio, y hay que acelerar. Necesitamos que si, ahora, hay veinte bodegas que están a la altura de la calidad comercial que tienen haya cien en un año. Y para esto se ha creado la Fundación Castilla-La Mancha Tierra de Viñedos, cuyo único objetivo es promocionar el vino de la región. La Fundación tiene obsesión con la promoción exterior, y aprovechando las ayudas de la OCM hacerlo en países terceros. De hecho los proyectos de la Fundación son los de mayor cuantía que se están presentando al Ministerio de Agricultura. Tenemos un proyecto de 9 millones de euros en tres años para Rusia, Japón, Estados Unidos y China. Y empezamos otro este año de 3 millones para México, Canada o Brasil, donde llegamos con una marca, Vinos de la España de Don Quijote, creada por la Fundación, para amparar a todos los vinos de la región. Un esfuerzo que ya está dando sus frutos con el incremento de la exportación de vino que antes mencionábamos.
—¿Cuál es la tendencia del mercado del vino ahora?
—La región puede atender cualquier demanda que nos hagan en cuestión de vino. Más dulce, menos dulce, más o menos fresco, con más reserva... porque tenemos una materia prima, unos técnicos y una tecnología excepcionales. Cada país y zona tiene sus gustos particulares, pero en general, el mercado mundial está apostando por vinos frescos, afrutados, sin demasiadas exigencias técnicas para el consumidor, vinos sin complicaciones y fáciles de consumir, para que el comprador no tenga que ser un doctor en cata de vinos. Mayoritariamente se demandan vinos jóvenes y en esto somos capitanes generales, tenemos blancos muy buenos y con nuestro sol y suelo podemos hacer unos tintos jóvenes, con un toque de madera, lo que se conoce como tinto roble, inigualables por ninguna región o país, con uvas tempranillo, cencibel, cavernet, syrac, merlot, o la bobal que tanta importancia tiene en Albacete.
—¿Tenemos un problema con los excedentes de vino en en la región?
—Este año tendremos menos destilación, y estamos intentando que parte de ese vino que se destilaba para alcohol se quede en mosto. Esto es porque las ayudas para la destilación, 700 euros por hectárea, van a venir igual, con lo cual si conseguimos ser competitivos en mosto podemos quedarnos con el mercado italiano, que son la mayor competencia y conseguir no sólo cubrir costes de producción sino tener beneficio por cada kilo de uva. Agricultura se está reuniendo con todo el sector para intentar planificar la campaña, si lo conseguimos sería un punto muy interesante para que el sector vitivinícola de la región despegase.


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