
Una cata de vinos tintos españoles con precios de venta al público que no sobrepasan los seis euros nos acerca esta semana a una realidad humilde pero innegable: los vinos a veces llamados 'de supermercado' pueden alcanzar en nuestro país una calidad verdaderamente sobresaliente, que debería suponer todo un aviso y un acicate para quienes comercializan vinos dos, tres o cuatro veces más caros que justifican mal la diferencia de precio. Para el consumidor, en cambio, significa que los tiempos difíciles no significan obligatoriamente tener que beber mal...


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